¿POR QUÉ LOS JOVENES YA NO QUIEREN TENER HIJOS?
¿POR QUÉ LOS JOVENES YA NO QUIEREN
TENER HIJOS?
Por: Siankan Alonso
“Yo ni siquiera tengo un patrimonio construido, ni un trabajo estable y sin mencionar la poca estabilidad económica, psicológica y social; solo quiero vivir mi vida sin preocuparme, que el tren se me va a ir y hacer sonar que mi destino de vida es criar hasta que muera, yo sí quiero lo mío y saber que la persona que conozca para ser el padre de mi hijo es una parte fundamental y sin discusión de que el respeto es primero”.
(Alonso, S., 2026)
Lo que antes se consideraba un paso natural y casi obligatorio en la vida adulta: casarse y tener hijos, hoy es visto por muchos jóvenes como la opción menos primordial o, en muchos casos, descartable, este fenómeno que se refleja en la caída de las tasas de natalidad a nivel global no responde a una sola causa, sino a una compleja intersección de factores económicos, sociales y existenciales.
Uno de los pilares fundamentales de esta decisión es la inestabilidad financiera, a diferencia de las generaciones anteriores, los jóvenes actuales (millennials y Generación Z) se enfrentan a un mercado laboral caracterizado por la temporalidad, salarios que no crecen al ritmo de la inflación y una gran competencia.
El costo de la vida ha escalado de forma desproporcionada en comparación con el poder adquisitivo, el acceso a una vivienda digna se ha vuelto un lujo, y la crianza de un hijo representa una inversión económica que muchos consideran pesado, sin sacrificar su propia estabilidad básica. La "planificación familiar" ha pasado de ser un deseo a un cálculo matemático donde las cifras, sencillamente, no cuadran.
Más allá del dinero, existe un cambio profundo en los valores, el éxito ya no se mide exclusivamente por la formación de un núcleo familiar tradicional; hoy en día, se prioriza el desarrollo profesional, la educación continua y las experiencias personales como los viajes o la comodidad del mismo.
La maternidad y la paternidad han dejado de ser un mandato social para convertirse en una elección de estilo de vida, las mujeres, en particular, han ganado terreno en espacios académicos y laborales, reconociendo que la crianza a menudo conlleva una carga desproporcionada de trabajo doméstico y una "penalización" en sus carreras profesionales, ante la falta de políticas de conciliación efectivas, muchas optan por postergar o renunciar a la maternidad para preservar su autonomía.
Un factor relativamente nuevo, pero con un peso creciente, es la ansiedad del futuro, muchos jóvenes se cuestionan la ética de traer una nueva vida a un mundo que enfrenta crisis climáticas severas, escasez de recursos y una polarización política constante, la pregunta ya no es solo "¿puedo mantener a un hijo?", sino "¿qué tipo de mundo le voy a heredar?"; esta visión altruista, aunque pesimista, refleja una responsabilidad profunda hacia el futuro del planeta.
Finalmente, el concepto de "familia" se ha diversificado, los jóvenes están encontrando plenitud en familias elegidas, amistades sólidas e incluso en el cuidado de mascotas, que ofrecen compañía sin la demanda vitalicia que requiere un hijo, la gratificación inmediata y la flexibilidad de la vida moderna chocan con el sacrificio a largo plazo que implica la crianza.
La decisión de no tener hijos no es necesariamente un acto de egoísmo, como a veces se etiqueta desde perspectivas conservadoras; al contrario, suele ser una decisión consciente y meditada que responde a una realidad estructural agotadora, mientras las condiciones económicas no mejoren y las sociedades no ofrezcan redes de apoyo reales para la crianza, la tendencia a la baja en la natalidad seguirá siendo el reflejo de una generación que prefiere la estabilidad propia sobre la incertidumbre compartida.

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